MI ANIVERSARIO COMO MADRE

 Cómo liarla parda con el regalo

Se acerca mi tercer aniversario como madre -o lo que es lo mismo- el tercer cumpleaños de Tiranito.

Ayer mismo me llegó -ya sabéis de la premura que me caracteriza en estos eventos- un regalo ‘chachérrimo’ a más no poder. Un regalo que, cual “Magdalena Proustiana”,  remueve –sin agitar- infinitos recuerdos de mi propia infancia. Y es que, sin habernos recuperado de la Navidad aún, vuelve la ilusión, los juguetes, las sorpresas, los regalos, revivir tus propios cumpleaños. Y es que, aunque me queje infinito de la maternidad, tiene algo de mágico.

Pero yo aquí no he venido a alabar la maternidad, para eso hay otros blogs.

Yo aquí he venido a hablar de mi regalo.

Porque no solo es chachi buscar, imaginarle jugando (o no) con él, elegirlo, que esté disponible, que no se salga de presupuesto…
En fin, qué os voy a contar.

Pues pasada la fase de preselección, decisión y compra. Queda la incertidumbre…

¿Será como en la foto?

¿Llegará a tiempo?

¿Dónde me pillará el repartidor, en la ducha o fuera?
Porque eso merece un post a parte, y se lo voy a dedicar.

Total, que me voy por las ramas.

¡¡El regalo ha llegado!!

Ya está en mis manos, y… ¿Ahora qué? ¿Lo abro?

Tendré que abrirlo, los juguetes se regalan montados, ’empilados’ y funcionando. Eso es de primero de maternidad.

Pero… Y si el regalo que he comprado, no necesita pilas (propiamente dichas), ni necesita montaje*… Y si -en teoría- se saca de la caja, se carga y listo…
Ah, entonces sería por ‘cotilléz’ extrema, o dicho de otra manera:

“Para comprobar que todo esté bien, y poder valorar al vendedor con cinco estrellas” (Guiño, codazo, codazo).

¿Qué será?

A estas alturas -los que quedéis- estaréis ya intrigados. O no. Porque es tan sencillo como bajar unas líneas.

Ay, se está perdiendo la magia, el suspense de esperar una semana para ver cómo continúa…

Como decía, mola toda la fase previa a la entrega in situ a su legítimo destinatario. Previa a ver en sus ojos sinceros, si has acertado o no.

¡¡Mola todo!!

Los nervios, la expectación, la incertidumbre… Pero lo que me ha molado, en demasía. Ha sido abrir el paquete.

No solo cumplía con mis expectativas, las superaba en tamaño.

(Nota mental: Mirar las medidas y peso bien, antes de comprar).

¿Y qué es? Os preguntaréis, y si no me da igual, ya me lo pregunto yo, que soy la que escribe.

¿Qué contenía la caja misteriosa?

La caja… O el cajón. Porque ¡¡madre mía!!

Para empezar, no cabía en el ascensor. Por lo que el pobre repartidor, la tuvo que subir a pata (hasta un cuarto). Para meterla en casa, sudamos sangre de unicornio. Ocupaba medio salón, así que las dudas sobre abrirla o no, se disiparon ipso facto.

¿Qué demonios hacía con semejante muerto?

Abrir la caja. No había otra.

¿Pero qué es?

Pues un Quad ‘chulérrimo’ que la gilipollas que suscribe, ha tenido a bien regalar a su vástago. Y -en realidad- da igual que no tenga espacio físico, para aparcar semejante monstruo. Da igual que pese lo indecible, que sea un armatoste de cuidado, que no coja bien las curvas de mi pasillo… Da absolutamente igual.

Mi niño tiene un Quad, con radio y cenicero

No sé si seremos capaces de bajarlo de casa algún día, he probado -una vez preparado y dispuesto- y sí cabe en el ascensor. Así que -por lo menos- ese flanco lo tenemos cubierto.

Pero… ¿Qué pasará cuando Tiranito se aburra de ir en él -o se quede sin batería- y me toque traerlo desde el fin del mundo? Pues esperemos que no ocurra nunca, y que -de ocurrir- no agote toda la batería “o se cuelgue” -pero jamás de los jamases- el puñetero mando de control paterno. Vamos, que como lo haga… Ya me veo llamando una grúa o dejando el trasto abandonado. Porque, yo -a brazo- no lo traigo.

Y –de justicia es- contratar un seguro y poder tener asistencia en carretera (con uno a terceros nos quedamos cortos, también te lo digo).

Es con la bici de ruedines que le trajeron los Reyes en casa de su padre (una muy ‘cuquimona’ de la Patrulla Cansina, que pesa como un puñetero tanque, pero de verdad), y tengo problemas…

No me quiero ver cargando con el mega Quad hasta casa.

Otro detalle de madraza es haber tenido a bien abastecer a mi retoño con otro equipazo de seguridad. Porque el que tiene (casco, rodilleras y coderas del patinete). No son de Peppa Pig, ya ves tú. (Ya he tenido ocasión de hablaros de la cerdita sabionda y de lo que me gusta, pero me gusta muchísimo, a rabiar, Peppa y toda su estirpe gorrina. Muy fan en serio).

Pero una es madraza ante todo, y si mi niño quiere ir con un casco de la dichosa cerdita, aunque su santa madre la tenga un poco de manía (mogollón de asco). Pues lo lleva, bien rosita y con ‘brillibrilli’, porque tenemos a Peppa hasta en la ropa interior. Por cierto, hay calzoncillos de Peppa Pig.

Total, que no sé dónde meter el armatoste hasta su cumple (el 17 de Febrero). Lo tengo aparcado en la terraza, con las cortinas echadas. Pero eso no es una solución ni a medio plazo.
Así que desde aquí, aprovecho para pedir ayuda, consejo, un garaje

Y mientras espero, llena de anticipación (al estilo del zorro del Principito) vuestra sabiduría y/o burlas, por la insensatez acometida…

Voy a ver si conciencio un poco por ahí.

*El trasto no venía montado del todo, había que ensamblar unas piezas y poner pegatinas.
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