SED DE CONOCIMIENTO

Hoy te quiero hablar de lo mucho muchísimo que estoy aprendiendo, desde que inicié esta aventura llamada embarazo.

A toda la información que busco sobre la gestación en Internet, libros, revistas… Por si no fuera bastante (que lo es), hay que sumarle los cursos, cursillos, charlas y demás actividades que nos programan a las embarazadas. Supongo que para mantenernos entretenidas y no demos tanta guerra.

 

Los tienes sobre cualquier temática que puedas imaginar:

Cursos sobre el embarazo (que tratan temas tan inquietantes como “los cambios físicos y emocionales“, mientras nos ofrecen una serie de pautas para poderlos manejar).

Los tienes sobre la maternidad, crianza y educación

Cursos de preparación al parto, de yoga, pilates, incluso una especie de gimnasia piscinera.

 

Cursos, cursillos y cursazos

 

Donde nos enseñan a respirar, empujar… Incluso a utilizar diversos artilugios:

Desde pelotas gigantes (que prometen ser de gran utilidad en el momento de la dilatación para el dolor), cojines de lactancia, pezoneras, sacaleches

Hasta los más elementales, como por ejemplo, el cochecito, la bañera

Con toda la parafernalia y accesorios del bebé, que no son pocos

(Sí, las primerizas necesitamos hacer un curso para todo).

Ahora me manejo con soltura a la hora de usar términos no hace mucho desconocidos.

Palabros de jerga obstétrica como:

  1. Entuertos
  2. Calostro
  3. Braxton Hicks
  4. Triple proyección
  5. Loquios
  6. Puerperio
  7. Ectópico
  8. Meconio
  9. Cefálica
  10. Podálica
  11. Pródomos
  12. Translucencia nuclear
  13. Mastitis
  14. Expulsivo

Y un largo larguísimo etcétera.

Te sorprendes a ti misma manejando con destreza temas ‘tocologísticos’.

Ojo cuidado, que hasta me atrevo con la interpretación de ecografías, control de percentiles. (Todo esto con dominio absoluto de las abreviaturas respecto a las mediciones).

Siendo ésta una instrucción, que (aunque útil durante el embarazo) no vuelves a necesitar en tu laaaarga vida como madre (algo así como el Conjunto Vacío en primaria).

Aprendes una barbaridad, eso sí.

Miras, comparas, preguntas … Y aún así, sigues buscando y devorando toda la información disponible sobre cualquier tema.

Ya sean cochecitos, cunas, colchones, biberones, chupetes, pañales… O cualquier artilugio que necesitas (pero ya), para la inminente (próxima, futura), o como en mi caso ‘futurísima’ llegada del bebé (ya tenía comprado y montado el carrito, antes de saber el sexo).

Pero si lejos de saturarte, quieres más y más, enhorabuena, te ha convertido en una…

 

Yonki del embarazo

 

No tienes otro tema de conversación, pero claro, has aprendido tantérrimo que:

 

Te autoproclamas profeta y emprendes “una misión”

Que no es otra cosa que:

Compartir toda esa información recientemente adquirida durante la preparación intensiva

Eso sí, pronto y a muchos (cuantos más mejor).

Hay que captar adeptos para la ‘secta preñil’ antes de que toda esa sabiduría, fruto de tu experiencia personal.

Todos esos conocimientos, se pierdan (parafraseando a Roy)  “como lágrimas en la lluvia”.

Por no privarme de nada, hasta hice un curso sobre Nutrición (éste obligatorio ante una diabetes gestacional).

La formación resultó francamente interesante.

Te explican en días alternos, uno el endocrino y otro la enfermera de nutrición (durante unas amenas charlas de cuatro horas)…

Todos los entresijos de la alimentación, funcionamiento del páncreas, vesícula

Vamos, el sueño de cualquier yonki de la información.

El resto de charlas y cursos, ya lo hice por puro vicio.

Y es que mi ansia de conocimiento no hace ascos nada.

Cuando llegué al maravillosérrimo momento de entrar en “modo experto”, me apunté a más cursos, cuantos más mejor.

También hago uno de preparación al parto, otro de maternidad responsable, otro de lactancia…

He asistido a las charlas de anestesistas, matronas y matronas (sin pretensión de ser políticamente correcta, ni mucho menos, es que en mi caso las clases se imparte en un matrón).

 

También me apunté a una visita guiada por maternidad y paritorios (así, tal cual, suena).

 

La visita:

Te hablaré un poco de la visita, por si (como a mí) te ha desconcertado.

 

Consta de una charla a cargo de la matrona más dicharrachera del hospital elegido.

En la que no sólo nos explica cómo será nuestra participación. Nos hará una presentación en powerpoint, contará sus batallitas de matrona… Pasándose, eso sí, por sus huevos toreros la intimidad y/o privacidad, que cabría esperar de un profesional en uno de los momentos más vulnerables de tu vida.

Pero ella ha venido a entretenernos y merece su minuto de gloria.

Ahí la teníamos narrando, con todo lujo de detalles, cómo una parturienta el miércoles pasado (tras renunciar al enema)…

Se hizo sus necesidades encima durante los pujos.

También nos hablaron de otra (en plan anécdota), que gritaba obscenidades al marido … Y alguna más. Pero claro, después del primer ejemplo (al menos yo) no presté la atención que cabría esperar de una yonki de la preñez.

Es más, al verlas en las habitaciones con sus recién nacidos, pasaba un poco de la exposición que, tan amablemente, tuvo a bien ni prepararse* la matrona.

Yo intentaba deducir con una compañía de gestación, quién se cagó encima -por ejemplo- el día anterior (la visita fue el viernes).

*Más atropellado e improvisado no podía ser aquello

Y así es como pasé la mañana de mi cumple

Una charla de aproximadamente 3 horas, con su correspondiente recreo y excursión en el baño. Seguida de otra, esta sí más cortita, de hora y media sobre los diferentes tipos de anestesia.

 

Porque no sólo existe la epidural, señores, también podemos elegir sedación, anestesia general, incluso óxido nitroso. (Sí, sí, has leído bien, el famoso gas de la risa que usan los dentistas). Una ponencia impartida por un anestesista muy cachondo, por ejemplo, para ir de cañas, pero que la hora de manipular la anestesia … No sé yo.

Ya entumecidas y a punto de enraizar en las ‘comodísimas’ sillas del aula docente, cogimos nuestros bártulos (mochila, cantimplora, cámara de fotos … Es una excursión ¿no?). Y comenzamos una ruta hospitalaria en la que veíamos a las pobres parturientas desencajas en la sala de dilatación. Mientras que excursionistas y acompañantes  (En total unas 50 personas). Íbamos pasando, ordenadamente y el fila de dos, atentísimos todos, por supuesto, a las explicaciones que nos dieron los profesionales de la zona (os digo, sólo nos faltó hacer fotos).

Tuvimos además la suerte de ver cómo subían a planta un recién nacido. (A ver, también iba la mamá, el papá y un celador empujando la carroza. Después del famoso ‘piel con piel’ y primera toma de contacto con la lactancia, tal como nos dijo amablemente la matrona dicharrachera).

* Dramatizacización.

Ay, cómo se nos caía la babilla a todas, mientras que se coreaba al unísono ‘oooohhhhhh’ poseídas por la ‘ñoñez’ ante tamaña preciosidad.

¡¡Huele a nuevo!! (Aquello bien se convirtió en una romería, o mejor, una procesión en la que sólo nos faltó cantarle una saeta al bebé).

Los recién nacidos provocan esas reacciones en todas las personas incluso en las deshormonadas. Pero en nosotras las locas preñonas alcanza niveles estratosféricos.

Es ver uno y morir de amor, tan pequeño, con sus bracitos, sus manitas, su cabecita, piernecitas, piececitos…

Y es que así somos, hacemos recuento de miembros en diminutivo, como si de algo esclarecedor se tratase. (Sí, está todo en orden hay uno de cada uno, menos de las cosas que van a pares, que hay dos).

Seguir a la enfermera todo el camino hasta la sala de curas, donde hay “disponible” un bebé.

¿En una especie de fregadero metálico?

Es una de las pequeñas pegas que le encontré.

No tienen una bañera en las habitaciones

¡Con lo que aprendes en las clases de preparación al parto!

Bueno, la verdad…

Aprendí, sí, a ahogar un bebé básicamente.

 

Te cuento, cuando ya tenía controlado el tema del agarre. En la parte interna del codo materno. Hasta aquí todo sencillo ¿verdad?

Pues bien, cuando tus brazos más que brazos son fideos, como es mi caso. Surge un problema de apoyo.

Ante el más mínimo estiramiento para, por ejemplo, alcanzar el champú. (Sí, a pesar de la falta de melena los recién nacidos necesitan champú). La cabeza del muñeco se quedó sumergida, mientras sujetaba la ‘piernuca’, esa sí fuera de agua (en modo ‘snorkel’).

Un drama, la verdad.

Me consuela saber que, mientras dure el embarazo, estoy en prácticas y no me pueden quitar puntos del carné de madre.

Otra cosa que me dejó un poco desencantada es que sí, dispone de unos paritorios que son la locura, amplios, bonitos, espaciosos, en unas habitaciones que se pueden medir tranquilamente en campos de fútbol. Con esas camas que parecen ‘transformers’ y te ofrece la posibilidad de parir en el pino, si así lo prefieres.

Con las cunas de reanimación listas y dispuestas. Tienen un regulador de intensidad para la luz, pelotas de ejercicio, incluso un lector USB para escuchar la música que prefieras.

Hasta aquí todo perfecto.

Llegamos a la pega, sólo hay de 4. Llamados saldas de dilatación.

Y esto es algo que se repite al llegar a las habitaciones, tienen 20 individuales.

Si tienes suerte te alojarán en una de ellas, con un estupendo sofá-cama para el acompañante. Pero con la posibilidad de instalar toda la familia, la política y un asentamiento gitano (si te das cierta maña organizando unos colchones por el suelo). De grandes que son.

Me vas a perdonar, pero me quedo sin combustible.

Escribir, como cualquiera de las actividades que hago “derecha”, léase comer, o vivir. Empieza a suponer un problema.

O me recuesto… O me ahogo, así de sencillo.

Hay una dura competencia por el poco espacio disponible, o el bebé o los pulmones y sólo puede quedar uno.

Ya otro día (después de documentarme, como es menester) entraré a fondo en otra de las maravillosas locuras preñiles:

El descubrimiento de las… ¡¡Cosas gratis !!

Y es que, desde el embarazo, se despliega ante mí un abanico de ofertas, promociones, descuentos… Y todo tipo de obsequios, canastillas, muestras y como no…

Más cursos, más charlas, y por ende ¡¡más canastillas!!

Pero será otro día, que ahora mi gordi reclama su espacio.

 

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