EL ESPANTAEMBARAZADAS 2

Ya clasifiqué algunos ‘espantaembarazadas‘, asustadores de incautas preñadas.

El ser de hoy da más miedo, si cabe. Porque es médico. Y merece entrada a parte. 

Esta mañana he ido a la consulta de preanestesia, porque por mucho que diga la matrona del centro de especialidades…

Hay informes de especialistas desaconsejando el parto vaginal –por diversos motivos que no vienen al caso-. Así que, ante una más que probable cesárea, he tenido que pasar las pruebas de la anestesia*.

 

Las pruebas de la anestesia

 

Resignación.

Tampoco me voy a obcecar en cambiar las cosas, que no están en mi mano (y digo mi mano y no otras… porque mi gine me ha desaconsejado maniobras externas, reikis, moxibustiones y esoterismos varios, no sea que la liemos parda).

 

Te pongo en situación

 

En este tipo consultas te suelen pesar, medir, te hacen un electro, una prueba de esfuerzo, a veces te toman la tensión… Y otras veces nada de eso.

 

Bien, pues el que me ha tocado -básicamente, y mientras su enfermera me tomaba la tensión (por los suelos, para variar)- me pedía que sacase la lengua, que me mordiese el labio inferior, el superior, mover el cuello**. Vamos, me sentí como una modelo posando para un calendario ‘sexy-preñil’.

Mientras yo estaba de postureo, él se ha dedicado a narrarme los riesgos ‘tremebundísimos’ de mi parto.

*Pruebas de anestesia: No, te engañes, oh, ‘preocupona’ mía, no te dejan probar brebajes para ver qué pedo te gusta más, nada más lejos.

**Mover el cuello no es uno de mis superpoderes. Así que surgió un problema que ya os contaré.

Pero…

 

Para qué sirve la consulta preanestésica

 

Es un requisito legalmente obligatorio para la realización de una intervención quirúrgica.

Para conocer el estado físico actual de un paciente y, dependiendo del tipo de operación que se vaya a realizar, valorar los beneficios y riesgos de las diferentes alternativas anestésicas.

 

Cómo lo hacen

  • El interrogatorio:

Aquí te preguntarán sobre tu estado general de salud.

Si tienes o no controlada alguna enfermedad actual o crónica.

Si ya has sido sometido a algún procedimiento quirúrgico.

Si has tenido algún tipo de reacción a un anestésico…

Y lo contrastará con la información clínica disponible.

 

  • Tus hábitos:

Si fumas, bebes, dices palabrotas…

Medicación actual, posibles alergias…

Valorar la retirada previa de algún fármaco en vistas a la intervención (lo que viene siendo, mantener modificar o retirar la medicación actual).

 

  • Examen físico:

Te miden, pesan, toman la tensión, azúcar, temperatura y piden una analítica rápida.

Revisan tu boca y vía aérea, por si hubiese que intubar.

También comprobarán el movimiento de tu cuello, por lo mismo.

(Ésto no sé si se hace en todos los casos, o me tocó a mí, por tener las cervicales fusionadas y no poder echar la cabeza hacia atrás).

 

  • Pruebas:

Comunes a todos: Analítica completa, electrocardiograma, radiografía de tórax.

Específicas: TAC, PET, ecografías… (Aquí ya según tu estado inicial, se puede convertir en un peregrinaje de consultas).

 

El consentimiento informado

 

Si alguna vez os habéis leído un consentimiento informado, habréis visto que los médicos vienen a “curarse en salud”.

(En realidad, ese era el principal cometido de la consulta, que entregase el consentimiento bien firmado).

 

Resumiendo:

Tú aceptas que puede haber riesgos, aunque sean raros o improbables. No me parece descabellado. Otra cosa es caer en una retahíla gore de todo lo chungo que puede pasar…

Y todo, porque ‘al señorito’ se le antoja un problema, el hecho de que yo no pueda echar la cabeza para atrás, todo lo que a él le gustaría. Otro ‘problemón’, que las lumbares fusionadas no son propicias para epidural. Ahora empieza a protestar porque tengo tatuajes

Vamos, que soy un parto de alto riesgo y –por supuesto- ‘a pelo’, de manual. Con cierto aire recriminatorio. Como si lo hubiera elegido yo… vaya tela.

Oiga sr. anestesista, que a mí me han mandado aquí, que yo estaba muy calentita en mi casa.

espantaembarazadas dos los médicos

 

Ay, los médicos asustadores…

 

Total, que su primera admonición ha sido una parálisis o paraplejia casi inminente.

De primeras me suelta:

“No te ponemos epidural, porque te dejamos paralítica”.

¡Vaya por Dios! ¿y qué hacemos? ¿cesárea a pelo?

“Te tendríamos que dormir y no te enterarías de nada…”

Ay, diantres, qué rabia me daría esto, uuuffff, me daría ‘súpermegarabia’, claro que entre eso y parálisis, pues no sé… 

 

El espantapacientes continúa…

“Pero, claro, eso lo podríamos hacer… Si fueras capaz (tono acusador) de inclinar el cuello hacia atrás para dejar la vía aérea libre…”

“Porque si no, habría que arriesgarse con la sedación.” (Cara de estupor con nudo en la garganta, mientras prosigue)

“Se podría intentar una raquis, pero en un parto así…”

¿Así?

¿Así cómo?

¿Vendrán a documentarlo desde Cuarto Milenio?

¿Sentará un antes y un después en la historia obstétrica?

¿Habrá historiadores?

¿Qué tiene mi parto, que no me estáis contando?

 

Y no tendría que haber mayor problema… pero ya veremos…”

 

Le ha faltado carcajearse con ‘malandrusquéz’… muajajajajaj… mientras se frotaba las manos.

 

Por si no se había quedado a gusto ha añadido:

 

“Si me sigues preguntando sales de aquí con mal cuerpo”.

Literal.

Oye, pues mira, no.

No era mi intención echar la pota hoy, ni tampoco preocuparme de más.

 

Me quedo tranquila

 

Eso sí, que tal y como lo gozaba el personaje con la narración de “premonitorios peligros”. No ha dicho ninguno, pero ni uno solo, para Pablete (y eso es de agradecer).

A mí me ha acongojado con las “mil maneras de morir en un paritorio“.

También me ha subrayado que si tengo prótesis, dientes postizos o lentillas, nada de entrar a quirófano con ellos. Que ya tiene bastantes cosas y posibles riesgos que prevenir (más que un anestesista parecía un tedax).

Me parece bien, llevo una movida en los dientes, pero es fija, así que no supone riesgo de atragantamiento.

Entonces, las gafas, las puedo pasar -pregunto inocentemente-

Ni de coña -responde-“Vamos hombre, voy a tener que estar pendiente de si se pueden romper… Como no tengo otra cosa que hacer…”

Cara de resignación, pero pensando: Voy a llevar las gafas. Que el espantaembarazadas éste, me amenace así -a voz de pronto- con una parálisis, mal me parece. Pero que no me deje ver a mi niño… Por ahí sí que no paso. Faltaría más!!

 

¿Y tú, te has encontrado con algún asustador profesional?

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3 comentarios en “EL ESPANTAEMBARAZADAS 2”

    • Al final… Tenían razón, parto largo, complicado, con fórceps (en el último momento, porque tenía una vuelta de cordón y había sufrimiento fetal).
      Con un Nolotil en vía (sí sí, ¿recuerdas el arsenal de anestesias que se nos ofrecía en las charlas?
      Pues a la hora de la verdad, un Nolotil en el gotero.
      Y a día de hoy -casi tres años después- me duele al sentarme o estar de pie un rato. (Ya de utilizar tampones… Ni hablo)
      En fin…
      Un besazo, bonita!!

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