DE PRIMAVERAS Y ESTILISMOS

Será por una mezcla del ‘primaverazo’ (que cada año regresa como el polen y los mosquitos). Con el ‘hormonazo maternoprimerizo’.

Y con esto me refiero a querer estar jamona, rellenar y poner tan turgente este cuerpo serrano como hace años, meses o días (esto ya cada una lo realista que sea).

También podrían ser los pródomos de la venidera crisis de os 40. No os hagáis líos, aún me falta un montón. Pero como soy de pródomo largo… -palabras de la matrona-. O quizá una premenopausia postparto. A saber.

Vamos, que con esto de la maternidad* me he abandonado de un modo que ya roza el chabolismo, me explico: Una mezcla de ‘feminazi’ y ‘hippieguarreras’**

*Excusas

** Prueba de cookies para detectar ofendiditos.

 

El caso es que mi reloj biológico con la misma precisión que un Atómico (para que luego digáis que no es educativo mi blog). Total, que sincronizo perfectamente con el cambio de hora primaveral (cuando se adelanta una hora, que se forma el consejo de sabios en cero coma con cualquier detallito y me volvéis loca en los comentarios).

Y como si yo no divagara, continúo tan ricamente.

Cómo mola escribir en un Blog, sin interrupciones.

Pues en esos días me pica el gusanillo de comprarme algo ‘superhortera’, ‘megacolorido’. El año pasado me compré un mono floreado y me teñí el pelo de color rosita, no te digo más.

Superado ese primer impulso consumista, me digo ‘pa mis adentros’:

“¿Dónde vas alma de cántaro con eso? ¿Qué tenemos, quince años? ¿Qué somos, runners?. Ya estamos en edad de ir camuflándonos, huyendo como de la peste de los ‘fosforitos’ y las flores de señora”. (Sí, amiguitas, estoy así de loca, a veces hasta discuto conmigo misma).

A mí, particularmente, lo de ir a centros comerciales no me va, me mareo con los suelos brillantes y el parpadeo de los ‘chorrocientos’ fluorescentes que inundan la estancia. Pero es donde acabas yendo (por aquello de tener opciones ‘recogiditas’ en pocos metros). Y para eso, con un bebé en carrito… Necesito coche.

En autobús es un follón. Si hay otro carrito, sillita, silla de ruedas o cualquier cachivache ‘ocupador’ de espacio, no puedes subir y te toca esperar el siguiente. Con un niño cansado, que llora…

 

¡¡Y después probar ropa!!

(Que quien dice probar… Dice ponérsela simplemente por encima al churumbel)

 

Ya intentar probarte tú algo se convierte en una misión digna del mejor X-MEN. O madres que ya juegan en otra liga (y en modo experto). Madres que son capaces de probarse ropa con dos o tres críos correteando por los probadores (existen, las he visto, una voz y los pone firmes).

Excusas a parte…

No me gusta ir de tiendas, nunca me ha gustado

Soy indecisa, tacaña, nada me gusta o hay de mi talla. A veces me compro algo de la sección infantil, un bikini, una camisola o vestido que no dé mucho el cantazo. Definitivamente no es lo mismo.

A ver si algún alma caritativa (no pienso os pagar, quede claro) me hace de ‘personal shopper’ y me recomienda algunas prendas.

 

Estilismos que mi nuevo estatus de madre palillo no se puede permitir:

 

  • Vestidos palabra de honor:

Jamás de los jamases, yo sin tirantes no me vuelvo a volver a poner nada. Es imposible, no se sujeta en su sitio y si lo hace espachurra tus ‘pechotes lactadores’ y queda como una lorza rara que gotea. Descartado.

  • Cualquier tipo de prenda…

De color blanco, vaporosa, delicada, que tenga pelillo (tipo angora). Y resumiendo cualquier ropaje que no aguante ‘vomitajos’, lamparones de leche y demás ‘customizados retoñiles’ que adorna tu ‘requetemonitisísima’ ropa maternal.

  • Tacones:

Se descartan -muy a mi pesar- por razones de espalda y comodidad. Son bonitos, a mi me flipan. Pero seamos sinceras ¿son prácticos?. Quizá si eres bajita. Pero por norma general, se puede vivir sin ellos.

  • Pantalones mom jeans:

Qué os voy a contar, soy gilipollas y casi los compro pensando que eran para embarazadas (de esos vaqueros con elástico, ajustables a cada etapa de gestación). Pues no, no lo son. Si como yo no estáis al día en moda, os animo a buscarlos. Son esos que se llevaban en los 80, los de ‘culocarpeta’. Sí, esos. Sobra apostillar que quedan descartadísmos.

  • Cosas con flores:

Descartado, parece que he dejado desatendido el puesto de bragas del mercadillo. Por favor, alguien que me enseñe cómo encarrilar el último desaguisado que me hice con los floripondios’.

Ahora ya entendéis mi indeterminación ante semejante corolario.

Hasta la próxima el bicho palo y Pablo os desean una feliz primavera

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