DE PERCENTILES Y NEURAS

PERCENTILES: El ranking para niños

 

Hola a todos los que seguís mis peripecias y desvaríos como mami preocupona. Y a los que habéis acabado aquí por error o curiosidad, sed bienvenidos.

Hoy os traigo un tema tan apasionante como aburrido y no es otro que, atención redoble…

 

Los percentiles

 

Ese ranking que se empeña en clasificar personas ya desde el vientre materno

 

Y qué nos gusta clasificar todo, ¿eh?. Y competir, claro. Porque somos así por naturaleza (neuróticas competitivas), pero este hecho se ve magnificado cuando, producto del hormonazo, o simplemente por la maternidad y el ansia del “mi niño mola más”. Entramos en crisis y alcanzamos niveles estratosféricos de ‘majaderéz’.

Nos gusta comparar, es un hecho irrefutable, comparamos precios, comparamos colegios, parques, trabajos, sueldos, hipotecas… Y un larguísimo etcétera. Entonces.. Por qué no íbamos a hacerlo con nuestros hijos. Y, lo más triste aún, por qué conformarnos con comparar, si también disfrutamos clasificando, etiquetando, puntuando… Y como no, compitiendo por los puestos más altos de nuestro…

 

Ranking preocupón

 

(Ya está el lío montado para nuestra -ya agitada- psique ‘preocupona’)

 

Pero antes de llegar a las notas, amistades, parejas… de nuestros retoños. Tenemos los hits de desarrollo y antes de éstos (pero también después)… Están los puñeteros percentiles.

 

 

Percentiles: ¿Qué son y por qué nos emparanoian?

 

Bueno, pues los percentiles no son otra cosa que una simple media estadística. Ni más ni menos. Vamos, que la OMS selecciona un grupo de niños sanos de la misma edad y a partir de ahí decide qué peso y qué altura es “normal” tener en cada tramo de su tabla.

Todo esto, sin tener en cuenta variables, como pueden ser raza, altura de los progenitores, tipo de alimentación (teta, bibe, vegano, omnívoro, caníbal… o come gatos como Alf). Tampoco les parece oportuno incluir otro mogollón de “detallitos” que –en mi humilde opinión- tienen más peso, que la clasificación por sexo y edad, que actualmente utiliza.

Esta puñetera tabla, clasifica a tu vástago según su altura y peso a nivel porcentual. Es decir, si tu retoño es flaquito tendrá un percentil bajo en peso, pero alto si es gordito. Lo mismo ocurre con la altura los más menudos, clasificarán bajo en talla, mientras los más altos, subirán posiciones.

 

Una soberana gilipollez, así, resumiendo

 

Os dejo una calculadora para que os entretengáis. Pensaba poner unas tablas, pero son fáciles de encontrar –y las que me gustaban tienen derechos de autor– así que… Mejor pongo un gif, que mola más.

Oh, vaya, de cada 100 niños hay 55 más altos que tú.

Tu percentil de revisión será 45. Palabra de suprema pediatra.

 

Solo añadiré que para diferenciar las tablas (qué raro) las de niña suelen ser rosas y las de niño azules (qué originales). Sobre ésto ya he hablado, así que no me extiendo más. 

 

 

Percentiles: el empujón definitivo a la psicosis de una mami preocupona

 

Ya daba yo por sentado que éste no sería un motivo más de paranoia (ay, cuán errada estaba yo). Resulta que -ingenua de mí- pensaba que ese tema ya lo tenía más que zanjado, cuando Tiranito en las revisiones anteriores sacaba un percentil 97 de altura (yo le animaba a crecer ¡¡vamos, campeón, tres niños más y te posicionas el primero!! Y eso, quieras o no, ayuda). En cuanto al peso, se movía entre el 60 y e 65, que tampoco está mal. (Aunque no llegaba al notable en lorzas, con un bien ramplón nos conformábamos).

 

 

¡Pero ha pegado un bajón!

 

Ay, amiga neurótica que me estás leyendo… Seguro que ahora entiendes perfectamente mis desvelos.

Mi ‘exGordi’ y ‘exPancibola’ ha tenido a bien, mantenerse en un más que aceptable 70 de altura y 50 de peso (al más o menos. Que empiezo a ser consciente de la huella digital que le estoy dejando a Tiranito, y voy a intentar mantener su privacidad -al menos- en esto del peso, que se ve que es algo muy personal e íntimo de cada uno).

 

 

El punto de inflexión

 

¡¡Yupiiiiii, bieeeeeen, vivaaaaaa!!

Yo tengo un gozo en el alma ¡Mediano! (canturreado, en mi cabeza tiene gracia)

 

Después de las preguntas de rigor:

“Está comiendo bien, hace sus deposiciones de manera regular, duerme bien, has notado algún cambio…”

La pediatra, deja los papeles, aparta el teclado, se quita las gafas (supongo que para crear un halo de misterio), me mira a los ojos –mientras yo me temo la peor noticia de mundo abrazada a Tiranito, que también se debía estar esperando el sobresalto-.

Y suelta:

“Los niños son así, tienen temporadas, a veces es por cambios en la alimentación, a veces por nada”. Y se queda más ancha que larga.

Perdona, que me he perdido, con tantos tecnicismos, ¿es grave? (me dieron ganas de responder).

Después de tan esclarecedora revelación, terminé de vestir a Tiranito (si la pediatra me dice ven a la mesa, yo… Lo dejo todo). Me despido -un tanto descolocada-. Y abandono la consulta.

 

Los percentiles regresan a mi vida en su máximo exponente y ‘coñacismo’

 

Entonces, si todo está bien, ¿por qué nos estás pegando esta charla?. Os preguntaréis -y con razón-. Pues porque soy así de pesada, ya os deberíais haber dado cuenta. Eso… Y que tiendo a la preocupación gratuita (propia y de extraños, no haber entrado).

Así que, nada más llegar a casa, empecé a escudriñar datos, datos no oficiales, datos que aportan otras madres (y cada vez más padres) neurasténicas/os (bah, esto de ser políticamente correcta con los géneros es un coñazo, además solo me leéis madres -que me lo chivan las cookies de audiencia-).

Como decía, que pierdo el hilo. He dedicado algún tiempo mi vida entera durante estos días, a leer las maravillosas aportaciones que, a la sazón, han tenido a bien compartir otras preocuponas por “en femenino”*

 

*Si no conoces este foro, dudo que me estés leyendo a mí -ni a nadie-. No eres de este planeta o te atemoriza el internet de las cosas. Porque vaya tela, busques lo que busques… Ahí aparecerá “en femenino” o “forocoches” (su versión masculina de “sabelotodismo y expertología”)

 

Llegados a este punto, aclaro, que poco necesito yo, para entregarme al desvelo y la inquietud. Soy así, de preocupación ‘facilona’. Y otra cosa os digo, ni el padre ni yo somos Romay, como tampoco somos carne de Hebalife (ni altos ni bajos, medianos tirando a flacuchos).

Así que ya imagináis el ‘parranque’ que me dio al ver cómo se me había caído, no un mito, sino dos: “que la estatura se ve incrementada con las generaciones, y que la talla de pie se corresponde con la altura” (un 27 me usa, con sus dos años y medio).

Después de las ‘notazas’ en percentiles a las que me tenía acostumbrada… ¡Ay, qué disgusto, que se me va a quedar ‘esmirriao’!… ¡¡Con lo que come!!

 

 

Que esté más o menos rechoncho no es algo que me perturbe especialmente. Cuando era más bebé, me encantaban sus lorcitas, pero claro, el cuerpo va desarrollándose y en cuanto empiezan a andar, correr, saltar… Se les va poniendo forma de niños. (Léase como menos Pancibola y más Adonis).

 

Eso, y que tanta precisión no hace sino aumentar mi majadería,

“Oh, gran fuerza de la gravedad, ¿por qué eres tan cruel y atraes a mi vástago de esa forma, impidiendo que pueda alcanzar la Luna”. (Sí, estoy así de zumbada).

Que luego lo piensas y dices:

“Ya ves tú, medio centímetro -que lo ha podido perder por mirar hacia abajo en la báscula”.

Pero continúas con la enajenación

“Oh, todopoderoso Newton, bastardo hijo de… Por qué has permitido que mi retoño pierda 180 gramazos”. Cuidado. Que igual hoy no hizo caca, o tenía sed.

Pero esos datos tan ‘megaprecisos’ han sido cruciales para detonar mi neurona preocupona y llevarme a mi actual estado de hipocondría materna.

Ay, madre. que se me va de curva (microinfarto, acompañado de temblores y sudores  _/\______piiiiii___/\_/\_  ya pasó)

Será que -como dije antes- su cuerpo es más esbelto, más de niño y menos de bebé rollizo… O… Será que soy la peor madre del mundo, que le tengo desnutrido, desatendido, será que por mi dejadez ya no le animo a crecer con el ímpetu y entusiasmo que lo hacía antes, será, seré… (aquí entro en bucle de culpabilidad imaginaria y autoreproches).

 

Yo, intentando mantener la cordura

 

Y pienso… Esto va a ser la fruta y la verdura que se mete Tiranito entre pecho y espalda. Que sí, que está llena de nutrientes y vitaminas, pero igual distrae su apetito de las comidas que “enchichan”.

Pero no, porque aquí -el menda lerenda- se mete unos platos de alubias, de lentejas, de cocido.. que provocarían una indigestión al mismísimo Falete. Come carne, pescado… Come de todo, y el tío, prefiere unas alcachofas a unos Donetes, las pasas a las chuches y así con todo. Qué soso me ha salido, de verdad.

El chocolate tampoco le entusiasma. Y yo lo agradezco, no tanto por su salud -en general- y bucodental -en particular-. Como por la alegría que me supone ponerme ‘gochaca’ con la obscena cantidad de chuches -que no le gustan, pero le dan- cada vez que hay un cumple (o no, porque también las compro para mí).

 

En fin, ya me voy a ir despidiendo, porque lo que iba a ser una entrada cortita y amena, se empieza a convertir en un tocho insufrible, que más me valdría entregar por capítulos.

 

Y tampoco estoy agobiada (dramáticamente agobiada) con el tema. Pero mi estirpe preocupona me obliga a compartir mis desvaríos con vosotros, oh, pobres incautos que habéis entrado aquí esperando alguna respuesta vital.

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Hijos Manual

Nuestros hijos tienen que sacar buenas notas desde que nacen, y por eso se ponen numerus cláusula de peso y altura. Como si no se notará cuando un niño está muy delgado, gordo, alto o bajo para su edad

Violeta (@Vivet09)

Amen a todo lo que has escrito. A mí el pediatra me ha mantenido en vilo durante 3 años y 7 meses que cumple mañana la pequeña. Porque nació regordeta y estupenda, pero al mes y medio empezó con las diarreas. Después de 3 meses y algo de pruebas, intolerancia a 100 cosas. Me las quité de comer, ya que… Leer más »

Paloma

Los míos como fueron prematuros, nunca entraron en percentiles y ahora resulta que son más altos que algunos niños de su edad, mi no entender. Al principio me obsesionaba que entraran en la tabla, con eso sería feliz, después me di cuenta que la propia pediatra no le daba importancia ninguna así que deje de pensar en el tema. Como… Leer más »

DiscaHogar

Nosotros no hicimos caso a los percentiles nunca, los pediatras tampoco, como ya se salia al nacer (Macrosoma) nunca se preocuparon por que entrara en ninguno. Y me libre de esas preocupaciones.

Telva

Por lo menos ya diferencian las tablas de niños y niñas, porque hace 20 años era para todos igual. Pero es verdad, yo que el primero si me rallaba, ya con los otros dos no tanto. Me encante leerte, a ver si poco a poco te voy leyendo que tienes un montón de material y me tienes enganchada :). Besos… Leer más »

Vanessa

Ainsss esa vena. La verdad que es un dramón de cuidado y como bien indicas es innato porque aunque no quieras preocuparte y creas que eres de otra pasta… cuando llega ese momento es imposible que no aparezca ^^u Pero bueno, la cosa es quitárselo todo y disfrutar de Tiranito. Que mientras la médico no diga nada malo o te… Leer más »

MadreDesastre
MadreDesastre

Qué bueno!!!! Muy identificada con lo que escribes, como siempre! chapeau!!!!