DE PARQUES, CARACOLES Y GAMBERROS

Hoy os quería contar una anécdota, que -al menos a mí- ha hecho que me parta de risa.

 

Los que tenéis hijos sabréis que de cuando en cuando les da -sin saber muy bien por qué- brotes de mamitis aguda. Es decir, que los tienes como un ‘jodío’ koala todo el santo día. No puedes comer, dormir… Es que, hasta ir al baño “sola” se convierte en una misión imposible.

 

Por suerte son pasajeros y duran entre una y dos semanas. Aunque –a veces- se alargan más de lo debido por factores agravantes.

 

FACTORES:

 

  • Uno de ellos suele ser que ha cogido algún virus en el cole, el parque… Donde sea, el caso es que tiene catarro (con sus mocos inagotables, sus toses, fiebre y malestar general).
  • Otras veces son virus gastrointestinales (los famosos rotavirus), que viene a ser lo mismo, pero acompañado de vómitos frenéticos y diarrea explosiva.

 

En este punto, quiero matizar que cuando coge algún ‘bichito’, se lo trae a casa.

 

De ahí que sea un suplicio lo de no poder ni ir al wc

 

Volviendo al tema que nos ocupa.

 

Cuando está en modo ‘mimosín’ solo quiere:

  1. Estar en brazos
  2. Dormir, o mejor dicho, tumbarse a tu lado (más bien encima) en la cama.

 

Pero…

  1. No se quiere levantar
  2. No quiere desayunar
  3. No se quiere bañar, vestir…

Y en definitiva, no quiere hacer nada y mucho menos ir al cole.

 

Así que ahí me veo yo, a las ocho de la mañana (tras una noche toledana de lloriqueos, mimos…). Intentando convencer al pequeño y tierno tirano para levantarse y demás menesteres, armada de paciencia y sin montar mucho drama.

 

¿Qué dice una madre preocupona para convencer?

 

Pues básicamente gilipolleces varias. Las excusas que le pongo, cuando en vez de ir al cole quiere ir al parque -por ejemplo-, son de lo más variopintas, improvisadas según situación y nivel de tontuna que tenga el señorito “no guta nada”. Porque no le sale de sus ‘caniquillas’ (por descender) entrar al cole, si no entro (y por supuesto me quedo) con él.

 

Es entonces, cuando en un arrebato de “ingenio trasnochado”, me invento las mil y una historias de por qué hay que ir al cole:

 

  • Los columpios están en el cole de columpios.
  • Los niños están en su cole.
  • Los mayores nos tenemos que ir al trabajo, que es un cole de mayores.
  • Ahora en los parques sólo hay gamberros que no van al cole* (…)

* En este punto -que es el que nos lleva a la anécdota en cuestión- quiero puntualizar que la mitad de las cosas se las digo sin pensar -fruto del cansancio y la desesperación- ante la insistente negativa del enano. Sin tener en cuenta que es una esponja, lo absorbe todo… Y cuando menos lo esperas, te lo suelta (en el contexto que le parezca adecuado a su raciocinio de dos años).

 

Pues resulta que hoy, camino al cole (aquí aclaro que tenemos un jardín con una colonia de gatos y una plaga de caracoles), Pablo se va entreteniendo contando caracoles, clasificándolos por “gaaande”, “ziquitito”… Pero esta mañana de una patada (patadón por sorpresa, tan sorpresa que ni el pobre bicho tuvo tiempo de meterse en “su casa”).

 

Del ‘meneo’ lo ha ‘mandado’ a donde Cristo perdió el mechero. Supongo que ante el estupor de sus compañeros de especie y algún gato que lo viera.

 

Le pregunto, un poco indignada ante tamaña ‘masacre’:

 

– ¿Pablo, por qué le has hecho eso al caracol?

– “Caacol gambedo”

– Pobrecito, no se dan patadas a los animales, ellos también se hacen pupa…

-“No, mamá, e caacol es gambedo, y Pabo así, pum, patada co e pie a caacol”

– Pero, hijo, ¿por qué es gamberro el caracol? (Ya ni me acuerdo de las bobadas que le digo en plena ‘enajenación curaberrinches’)

– “Caacol, fuea de calle, caacol al cole con zu mamá, caacol gambedo”

 

Y bueno, la moraleja de esto -si es que la hay- sería algo así

 

Ojo con lo que les dices a los niños, porque aunque no lo parezca, se quedan con las cosas más absurdas y las sueltan (o bien en el momento menos oportuno, o de forma que sólo su ‘efervescente’ mente infantil puede asociar).

 

¡¡LE VUELVEN A GUSTAR LOS CARACOLES!!

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