DE PAÑALES Y MIEDOS

Hoy os voy a hablar de la operación pañal

 

(Entrada semiescatológica -dentro de poco tendré que añadir una categoría más al menú para los temas de la ‘guarricie’, con advertencia de contenido sensible)

 

Bueno, vamos al lío. En este tema, como en tantos otros, el apremio por hacerme con el equipamiento ha sido legendario. Aunque si bien es verdad, fue cosa de la abuela la adquisición de un váter ‘chulérrimo’… Yo me mostraba animada ante el reto.

Con el ‘calorcete’ he dejado vagar a mi retoño de esfínteres descontrolados por la estancia (a la sazón de 16 meses) sin más preparativos, ni haberme ‘ilustrado suficientemente’ en el tema.

Y… ¿Cómo se comporta una mami primeriza ante tamaña misión?

Os preguntaréis -y si no, ya me lo pregunto yo, porque básicamente escribir un Blog, no deja de ser un monólogo con la apertura final de ruegos y preguntas-.

 

A lo loco

 

De esta experiencia, puedo decir orgullosa que no es para tanto. Lejos del infierno que algunas mamis ‘preocuponas en exceso’ describe, se parece más a cuando tienes un gatito, un perrito… Y de vez en cuando te toca coger la fregona o el rollo de papel de cocina.

Pues como iba diciendo… Me alegro que me hagas esa pregunta. Me lo tomé con una ‘zenialidad’ pasmosa. Logré tomar alguna foto juji, alguna asquerosa a la par que orgullosa y la ya ‘famosérrima fotaca’ de misión cumplida. (Una imagen en la que mi retoño posturea, sentado en su váter -que por qué no decirlo- es una ‘preciosicuquimonada’ como un retrete en miniatura, con su ‘cisternita’ musical y todo.) El modelo sostiene un cuento mientras sus posaderas descansan el el orinal.
(No hizo nada, evidentemente, pero semejante retrato -tan falaz como casual- ha dado más vueltas por Whatsapp que el negro).

Fue pasando el verano, el calor, y con él se fueron mis ganas de fregar ‘chorrocientos’ pises al día.

También regresó el dolor lumbar, lo que definitivamente dio por terminada la temporada. Ante tal panorama, pospuse la ‘operación calzón’ para tiempos más propicios. Ya en el cole nos dijeron que hasta los dos años y medio, es forzar y puede salir bien (si tu niño es precoz) o puede salirte el tiro por la culata, traumatizar al chiquillo y que moje la cama hasta los 10 años.

Yo en realidad jamás le forcé a nada -tampoco sé cómo se puede forzar a un niño de poco más de un año a usar el orinal-. Mi médoto era “yo lo dejo ahí, a su entera disposición y si al señorito le apetece sentarse, pues bien y sino.. pues también”.

Una vez volvimos a la normalidad, sin pañales piscineros, ni culos a la fresca. Se nos echa encima la vuelta al cole. Y con ella cierto desinterés por parte de mi ‘Pancibola’ en el tema ‘popó público’.

No sé si se habrá vuelto pudoroso, o quizá haya tenido que ver con volver a usar pañal rutinariamente, o puede que alguna diarrea explosiva en el cole (por esas fechas mi pobre pilló una gastroenteritis y… Bueno, qué os voy a decir, las dos mudas). No sé, el caso es que este nuevo curso se niega ha hacer caca en el cole, aprieta con toda su alma antes, durante (con sus consecuentes ‘peces’ los llama mi angelito) y después del baño.

Si no lo consigue, hasta que no voy a recogerle no lo vuelve a intentar

Esta situación me preocupa un poco porque está derivando en una especie de estreñimiento voluntario, se niega a hacer caca, empuja hacia dentro y si lo hace (entre gemidos, ‘grititos’, lloros y retorciéndose literalmente) se esconde y niega en rotundo a lo que debería ser un fresquito y aliviador cambio pañal, ‘caca noooo, caca nooo’ dice.

Probé con cuentos, juegos, bromeando sobre el tema. Después quitándole toda la importancia posible -la caca era un tabú y ni se hacía mención del tema-.

Yo que lo he padecido toda mi vida, intento educar los intestinos de mi hijo, acostumbrarlos -aunque sea- a una deposición por día.

Para esta nueva misión, he hecho acopio de legumbres (por suerte le chiflan), cereales integrales (con pecas los llama), frutos secos molidos, pasas (uvas, ciruelas… le vuelven loco)… Y las he introducido en su dieta diaria, por aquello de animar un poco ‘la cosa’ hasta que se convierta en rutina.

 

Está funcionando

 

hace su ‘cacota’ diaria antes de ir al cole y de vez en cuando otra al ir a recogerle (sí, después del cambio de pañal del cole para la vuelta a casa, en cuanto le suben los pantalones, me saluda y empieza a apretar -se pone rojo y en cuclillas-). Tendría su gracia, si no fuera porque me preocupa esa negación rotunda a que nadie más que mamá manipule sus ‘bombones’.

Así que a día de hoy puedo decir con orgullo y satisfacción que vamos bien encaminados en el tema

‘Antes muerto que cagado‘.

Y afrontamos con entusiasmo la próxima temporada ‘operación pañal’.

Hasta la próxima (porque habrá una segunda entrega de pañales, charcos y esas cosas) Mi hombrecito y yo devolvemos la conexión.

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Hoy os quiero hablar de las monerías que hace mi niño, porque él lo vale. Espero que no sea una entrada de mami ‘presumidora’ o de ‘vecinabuela’ brasas, de esas que a la puerta de casa te taladra día sí y día también con lo sabio que es su nieto “que le preguntas qué rió pasa por Londres y te responde el Tamesis” O “¿cómo se llama esa torre grande que tiene un reloj? y te responde el Big Ben”.

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Gissel Escudero
Gissel Escudero

¡Ja ja ja! Yo no tengo esos problemas porque mi hijo es un GATO. Tiene su caja sanitaria y ya 😀