DE DIETAS Y DISCRIMINACIÓN

 

Hoy os quiero hablar de mis disidencias con las dietas y la discriminación que sufrimos las flacuchas.

 

Para empezar os cuelo una cita del célebre Oscar Wilde:

“La única diferencia entre un capricho y una pasión eterna es que el capricho dura más tiempo”

Y escojo este ejemplo, porque soy de natural caprichoso y ‘chumineo’ constante; si a eso le añadimos que me traumaticé con la dieta de la diabetes gestacional. Me he vuelto un poco más indulgente con mis antojos.

 

Es más, estoy convencida de que el angioma que luce mi ‘Pancibola’ en su pierna, es fruto de la ansiedad que pasé dejando de fumar y de ‘chuminear’ (léase como engullir leche condensada, donuts a granel y cualquier cosa ‘megasaturada’ de azúcar que se me ponía por delante.

De hecho el antojo de mi niño -según se mire- parece desde humo… Hasta unas palomitas. (Curiosamente deseé con imperiosa urgencia unas palomitas de caramelo durante más de una semana, antojazo sin satisfacer, muy a mi pesar).

 

De lo que no tiene forma el angioma -desde luego- es de comida saludable, de ensalada, de pechuga de pollo a la plancha y esas ‘insipideces’ con las que me alimenté mientras gestaba.

 

Y al igual que las ‘rellenitas’ odio y envidio a partes iguales a estas famosas (o conocidas) que recién paridas -así, como casual, sin darle la menor importancia- van a la piscina, la playa -o la terraza de un bar- contoneándose como si de una pasarela se tratase. Mostrando su ‘estupendéz’, sus ‘pechotes’ en su sitio, sus abdominales bien marcados, su culo firme y tonificado, su cinturita de avispa y sus contundentes caderas y jamones.

 

Mientras las ‘normaluchas’ intentamos en vano hacer que tropiecen (en el mejor de los casos) ‘usando la fuerza’ (al más puro estilo estrangulador de Darth Vader)

 

Y deberíamos hacer un frente unido ‘odiador’ hacia esos especímenes, por el mero hecho de hacer ver que lo normal y natural, es salir del paritorio más ‘buenorra’ que entraste. Y añadir a nuestra ya agitada y hormonada psique -ante semejante expectativa- una carga extra de neurosis.

 

Yo también voy a la piscina, eso sí, con menos autoconfianza que antes. No voy a lucir palmito (porque no tengo) ni a exhibir mi ‘cuerpoescombro’. Voy a pasar un buen rato con mi hijo y refrescarnos un poco. Tampoco me entusiasma mostrar en público mi nueva ‘fofiblandéz’, pero es lo que hay y tampoco me voy a esconder.

 

El embarazo me dejó un cuerpo más ‘marujil’. Y aún pareciendo un saco de huesos, tengo una incipiente barriguita que bien pareciera que vuelve a tener okupa (o gases), eso ya según arriesgue más o menos  -y según sobrelleve lo de entrar en apnea- para un ‘robado posado’.

Yo, que nunca me he caracterizado por ser una ‘buenorra’, una ‘jamona’… (madre mía, y ahora me viene a la cabeza “la Ramona es pechugona”). Vistas al próximo verano ya siento el irrefrenable impulso de ’embuenorrarme’. No tanto por mí, por verme guapa. Como por hacer que mi hijo pueda presumir de madre milf, ¿por qué no se va a merecer una madre lozana, bien torneada, y -por qué no decirlo- jamona en tiempos de bikini y piscineo?

 

Luego empiezo a pensar en el ejercicio, la alimentación, la depilación… Y todas esas cosas -unas por saludables y otras por ‘relucir’-. Y se me pasa.

 

Así que desde este micrófono al mundo, quiero reivindicar el derecho de las flacuchas a estarlo sin que se nos tache de enfermizas, anoréxicas o mi favorito… “suertudas que comen lo que quieren y no engordan”. Porque, amigas mías, es más fácil que un ‘torreznillo’ adelgace a que un ‘esquéletor’ engorde.

 

Ya está bien, las flacuchas también tenemos derecho a quejarnos y a que se nos consienta, a que se nos ofrezca un cojín para nuestras maltrechas y huesudas posaderas, a encontrar talla fuera de las pasarelas, claro.

Y a mil cosas más que no enumeraré por no extenderme, pero que dejo pendientes para otro día.

Hasta la próxima mi flachucho cuerpo marujil y yo devolvemos la conexión.

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