CARTA A PABLO

 

CARTA A PABLO

 

Continuando la anterior carta “Carta a Paula” y tras los últimos acontecimientos (A Paula le salió un pene y Ahora Paula se llama Pablo).

 

Modifico el nombre del destinatario y prosigo con la carta a mi tesoro:

 

Bueno, Pablo, porque ahora ese es tu nombre. Soy mamá.

 

Una vez hechas las presentaciones, y puesto que ya me vas conociendo… No te quiero asustar, no soy tan horrible, o igual sí. Ya te imagino agarrado a mi útero, atrincherado, pensando, de aquí no me sacan, cual indignado en su tienda.

 

Ante todo te debo una disculpa por estar llamándote Paula todo este tiempo, lo siento, Pablo. Aunque espero haberte sacado una sonrisa con tanto lío de nombres (te hemos llamado durante estos días -tú papá y yo- hasta Firualis I). ¿Sonríes? ¿Puedes sonreír ya? ¿Qué tal estás aquí dentro? ¿Qué sientes? ¿Puedes escucharme? Si puedes, manifiéstate, da una patada o algo.

 

He de decirte, que no sólo me has convertido en futura mamá, sino que ahora soy también una especie de superheroína, pero a la vez vulnerable.

 

Y, es que, me has agudizado todos los sentidos, percibo olores nuevos, tan penetrantes que pareciera que los tengo en la boca, que los mastico. Escucho los sonidos con mayor nitidez, sin llegar al extremo de aquel señor que escuchaba caer un alfiler desde la otra punta de su enorme casa, ese que salía en la teletienda (claro, tú no sabes que es la teletienda, y casi mejor así). Pero sí, percibo cosas que antes me pasaban completamente inadvertidas, incluso los detalles más insignificantes.

 

¿Soy el recipiente que da forma al agua? O, ¿soy el agua y he adquirido tu forma?. Es todo tan confuso…

 

Puedo sentir tu fragilidad, de igual modo que siento la vulnerabilidad e incertidumbre que te acompañan estos primeros momentos de vida. Es algo que me da una fuerza sobrehumana, siento que seré capaz de mover montañas, sólo porque tú, mi niño, puedas ver lo que hay detrás. Que podré volar con tal de demostrarte que nada es imposible… Tantas cosas, pequeño, me gustaría enseñarte.

 

Enseñarte a no dudar jamás de ti mismo ni de tus posibilidades (que serán infinitas), a disfrutar de la vida, a ser consciente de lo que sientes y valiente para vivirlo. Sin miedos impuestos, ni esperando cumplir expectativas, enseñarte a no complacer esperando aprobación ajena. Bueno, mi aprobación sí, pero siendo ésta una excepción.

 

Naces para vivir TU VIDA, para aprender de tus errores

 

Ahora mismo te estás moviendo, como intentando coger la postura, o quizá sea tu primer acto de rebeldía. No sé, una cosa está clara ya empiezas a tener el control (me haces adoptar posturas imposibles, porque tus “pataditas” dicen, sin palabras, que así no estás cómodo). Es en estos momentos, cuando soy consciente de que estás ahí, porque, aunque encantada con mi embarazo, sigo sin creérmelo del todo.

 

Seguramente no seré una madre perfecta, pero seré una que apoye tus virtudes y entienda tus defectos (que con toda probabilidad no te vea, también te lo digo, a fin de cuentas, eres mi niño). Una madre que respete tu independencia (esto último -seguramente- hasta los veinte o treinta años no sea así, pero bueno). Estaré para cogerte de la mano, abrazarte o empujarte, cuando la inseguridad o la incertidumbre te paralice (porque desde ya te digo que este mundo es impresiblisible, ya lo verás, y por eso es maravilloso, hay que vivir sin seguro ni garantía).

 

Y es que, Pablo, la vida es interesante, emocionante, excitante, cada día es diferente. La mayoría serán estupendos y más de uno será difícil, porque algunas cosas no las comprendemos, o sí, pero igualmente duelen. Esto es así, si duelen, pues duelen, no hay otra que tirar “pa’alante”. Llorar cuando haga falta, dormir y mañana será otro día. Porque esconderse no arregla nada, esos días se superan aceptando que, no todo es como imaginamos y no por ello es malo.

 

Una pequeña lección anticipada, de tantas y tantas que suponen el aprendizaje de la vida, donde lo difícil… Es aburrirse.

 

No imaginas las ganas que tengo de ver esa carita, tan distorsionada en las ecografías. De ver tus ojos, oler tu piel, sentir tu calor. De darte la bienvenida al mundo, a mi vida, a casa…

 

Te espera ansiosa,

Mamá                                                

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